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Artículo escrito por la profesional en Psicología Nieves Sánchez

Estos meses están siendo muy complicados en muchos aspectos de nuestra vida. Están siendo meses de malas noticias, de pérdidas, de mucho esfuerzo y en la que se ha puesto a prueba nuestra capacidad de supervivencia, aunque por suerte, las buenas noticias cada vez están más presentes, así como la superación, el apoyo, la empatía y la solidaridad.

Por todo esto me gustaría dar un toque de positividad y hablar de todos aquellos factores de protección que nos van a ayudar a superar esta situación, y las consecuencias que traiga, de manera adaptativa y eficaz.

Los factores de protección son aquellas condiciones, características y circunstancias que potencian las capacidades individuales para poder afrontar y superar, de la mejor manera y con las menos consecuencias negativas posibles, las circunstancias adversas. Algunos de estos pueden ser:

  • Sociales, ambientales y económicos: educación, relaciones sociales positivas, integración y participación en la comunidad, servicios sociales y apoyo social, etc.
  • Individuales: inteligencia emocional, capacidad de afrontamiento y resolución de problemas, adaptabilidad, autonomía e independencia, sentimientos de control y seguridad, autoestima, habilidades sociales, etc.
  • Familiares: apego positivo, lazos afectivos adecuados, comunicación fluida, apoyo familiar, etc.

Otros factores de protección importantes son la experiencia previa y la resiliencia. La experiencia hace que desarrollemos habilidades para poder enfrentar situaciones similares de una manera más eficaz y gastando menos recursos. Por otro lado, la resiliencia es la capacidad de recomponernos y adquirir fortalezas después de una situación complicada. También tenemos que incluir en este grupo de factores “facilitadores” la gran capacidad de nuestro cerebro de adaptarse, recuperarse y adquirir nuevas habilidades según las situaciones a las que nos enfrentemos a lo largo de nuestra vida.

Puede ser que algunos de estos factores no los poseamos, no los tengamos adecuadamente desarrollados o incluso que estén funcionando como factores de riesgo y nos estén haciendo frágiles. También, hay que tener en cuenta, que algunos de ellos no los podemos controlar, pero otros sí, y es en esos en los que nos tenemos que centrar para, con trabajo y la ayuda adecuada, poder desarrollarlos y convertirlos en factores de protección adecuados y eficaces.

Por tanto, cuando aparezca una situación que nos sea complicada y que nos haga sentir vulnerables tenemos que tener en cuenta que contamos con habilidades, factores y recursos que nos pueden ayudar a superarla de la mejor manera posible y que estos se pueden desarrollar y mejorar para hacernos más fuertes.

Este artículo forma parte de la Revista  Conecta de mayo que puedes descagar completa pinchando AQUÍ.

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