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En unos años en los que mucha gente decide apostar por preparar unas oposiciones creyendo que es un ‘buen trabajo’ y la salida más segura para su futuro ante la aparente falta de empleo, cada vez son menos los valientes que deciden lanzarse a la piscina y llevar a cabo su propio negocio.

Parece que construir un negocio propio es muy complicado, pero opositar tampoco es un camino de rosas, no es nada fácil, pocas plazas y mucha competencia, exámenes muy exigentes, horas y horas de preparación y de estudio, realización de formaciones para sumar puntos, inversión de dinero en tasas, fotocopias, libros, y en tiempo, ya que el tiempo también es dinero… y un sinfín de requisitos necesarios para llegar a esa meta de seguridad que todo el mundo anhela: un sueldo seguro, un horario digno, unos derechos laborales justos… ¿Pero es siempre así realmente? ¿Y cuántos años necesitamos para conseguirlo?

Del mismo modo, ser emprendedor implica un sobre-esfuerzo al igual que preparar unas oposiciones, preparar un proyecto empresarial, dedicar horas a tu negocio, invertir en tiempo e invertir dinero en tu empresa para intentar conseguir una rentabilidad, informarte, formarte y aprender lo que hasta el momento no sabías hacer, luchar contra la competencia intentando tener puesto número uno. Emprender y llevar a cabo tu propio negocio tiene muchas ventajas y muchas desventajas, por un lado, estaría la motivación de ver crecer algo que uno mismo ha creado, lograr objetivos, la ilusión de conseguir metas, la capacidad de superarse día a día, el reconocimiento, ser tu propio jefe y decidir cómo y cuándo… Y por otro, estarían los problemas, las decisiones acertadas o no, las horas de esfuerzo y trabajo, la no desconexión, la responsabilidad… Realmente es algo para lo que no todo el mundo está preparado, sobre todo mentalmente.

Creo que cada uno tiene que tomar su propio camino, decidir su propio destino sin que nadie lo juzgue, y realmente tiene que haber de todo para que el empleo público y privado sea equitativo, aunque realmente lo que estamos notando en los últimos tiempos es que hay una gran avalancha de personas que deciden opositar, siendo ya un gran problema donde la balanza debería estar mucho más equilibrada, tal vez esto ocurra por la mala calidad y las precarias condiciones laborales que muchas veces nos ofrece el mercado dejando muy carente la conciliación familiar o la vida personal, o tal vez, por la educación que hemos recibido en este país. El perfil de emprendedor implica una actitud relacionada con arriesgarse, más que con un conjunto de competencias profesionales, implica asumir ciertos riesgos para los que probablemente no nos hayan preparado desde niños, donde nos enseñaban una educación para la ‘estabilidad’, y no una educación para la ‘proactividad’.

En estos últimos años, el emprendimiento ya no solo se considera una opción, sino la mejor opción, crear tu propio puesto de trabajo a tu ‘imagen y semejanza’ es todo un lujo. Trabajo hay mucho, lo que tal vez no haya tanto es empleo, es todo cuestión de proponérselo, por supuesto que no es un camino fácil, pero sí es un camino bonito, con el que te desarrollas como persona y como profesional, con el que aprendes, te motivas y que al final, te termina enganchando.

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